una historia rusa

Antes de conocer la obra de Miguel Gómez Losada la palabra “nostalgia” conectaba de forma explícita, evocadora y casi exclusiva con las imágenes de la película del mismo nombre - “Nostalghia”- del director ruso Andrei Tarkvoski. La luz, el color solitario, la indefinición de las imágenes, el misterio, los temas de las escenas y el tiempo suspendido en una infinita gama de variaciones, retornan a la retina al encontrarse con la mirada de Losada.

La galería Yusto/Giner presenta la exposición “Una Historia Rusa”, la primera individual del artista Miguel Gómez Losada (Córdoba, 1967), en Málaga. La exposición consta de una amplia serie de pinturas al óleo sobre papel japonés y lienzo, que reflexionan sobre la memoria iconográfica y vivencial del artista.

Cada pieza de la exposición se convierte en un acto de resurrección donde la nostalgia es el punto de partida para plantear la vuelta a un estado de felicidad anterior, la puerta al paraíso perdido. Este pastor de recuerdos, que ha heredado la forma de mirar de su padre y la emoción por la vida de su madre, ha querido rendir homenaje por este legado a sus progenitores. Utilizando sus propias palabras:

"Mi padre me enseñó la lejanía a través de su afición a los mapas - el Atlas Aguilar que consultaba cada noche en su sillón- y el posterior viaje a Rusia. Mi madre me explicaba el invierno, subrayando la belleza de los días nublados, del aire frío y el verde. La recuerdo en el coche sentada delante, siguiendo con la mirada los árboles, y yo con ella desde el asiento de atrás. Así, “Una Historia Rusa” es una historia de amor, el resultado de una educación en la belleza del mundo, una construcción imaginaria del Norte, que desde Córdoba representa la distancia máxima, equivalente a mi admiración y a mi agradecimiento. Esta exposición está dedicada a ellos, Marcial Gómez y Rosa Losada, mi manera de continuarles".

El artista realiza, a través de un uso magistral de los recursos de la representación, un ejercicio de sinceridad evitando sobrecargar la realidad y distanciándose, por ende, del "ejercicio de estilo pictórico". Sin embargo, la obra no renuncia a su carácter vernáculo, siempre a través de la mirada de un recuerdo heredado, una consecuencia de estar vivo.

Hay en la voluntad del artista, una determinación por evocar el pasado mediante una suerte de iconografías de carácter onírico por su no concreción que trasladan al espectador a escenarios históricos, legendarios y de fuerte carga emocional. Escenarios donde la memoria es un túnel del tiempo capaz de reinventar las vivencias personales para reescribir una historia que deja de ser personal para convertirse en un modelo colectivo.